La primera etapa empieza en Passau, la ciudad de los tres ríos, y termina en el meandro de Schlögen, una curva casi perfecta que el Danubio ha ido esculpiendo durante miles de años entre paredes de bosque. Entre medias hay 55-60 kilómetros planos, la frontera entre Alemania y Austria, la única abadía trapense de Austria, y los restos de una fortaleza romana que la mayoría de los ciclistas pasan sin saber que existe. Es una etapa generosa para empezar: asequible físicamente, con suficientes paradas para no aburrirse, y con un final que ya te da una idea de a qué has venido.
Salir de Passau a primera hora de la mañana es lo correcto. La ciudad se despierta tarde, la luz del Danubio es buena antes de las nueve, y si desayunas en Die Küche —terraza al río, sin apresurarse— llegas a Schlögen con tiempo de sobra para subir al mirador antes de que lleguen los grupos. El mirador es lo que hace que esta etapa sea la etapa. Sin él, es un buen comienzo. Con él, es el primer momento en el que el río te dice de lo que es capaz.
La frontera Austria-Alemania: 90 escalones y una central hidroeléctrica
Hay algo que llama la atención cuando miras el mapa de este tramo: la frontera entre Alemania y Austria no se cruza por ningún puente convencional. Se cruza por la central hidroeléctrica de Jochenstein. El paso es por dentro del edificio —o por la pasarela exterior según la época del año— y obliga a subir unos 90 escalones con la bicicleta cargada de alforjas. No es un esfuerzo enorme, pero sí es uno de esos momentos en los que el viaje se hace físico de una manera inesperada: la bici en el hombro, la espuma del embalse abajo, el río encajonado entre Alemania y Austria.
El cruce no tiene señalización turística especial. Nadie te lo anuncia. Simplemente llegas, ves los escalones y subes. Al otro lado ya estás en Austria y la ruta continúa sin que nadie te haya sellado el pasaporte.
Engelszell: la única abadía trapense de Austria
La Abadía de Engelszell está a la orilla del Danubio, en el lado austriaco, y es un lugar que merece tiempo. Los monjes trapenses llevan aquí desde 1293, aunque la abadía actual es barroca y fue reconstruida en el siglo XVIII. Lo que hace especial la parada no es solo la arquitectura —que es notable— sino la tienda de la abadía: cerveza artesanal, licores, miel y conservas elaboradas por los propios monjes. La cerveza trapense de Engelszell es la única de Austria con esa denominación.
Para llegar a Engelszell hay que cruzar al margen derecho del río, bien por el ferry de Engelhartszell (aproximadamente 3 euros con bicicleta, solo efectivo, funciona de abril a octubre) o por la central hidroeléctrica si vienes desde el lado alemán. Después de la visita, hay que volver a cruzar para seguir la ruta. Es un pequeño desvío que vale la pena.
El meandro de Schlögen y el mirador que lo cambia todo
El meandro de Schlögen —la Schlögener Schlinge— es el momento culminante de esta primera etapa. El Danubio hace aquí un giro casi completo de 180 grados, rodeado de bosque y paredes de roca. Desde la orilla del río el meandro se intuye pero no se ve. Para verlo de verdad hay que subir al mirador: 30 minutos a pie desde el pueblo de Schlögen, por un sendero marcado que sube entre pinos. Dejas la bici abajo.
Desde arriba la perspectiva es completamente distinta. El río se enrolla sobre sí mismo, el bosque cubre las orillas, y no hay ningún edificio ni carretera en el encuadre. Es una de las imágenes más limpias de toda la ruta. Si llegas con buena luz de tarde, el efecto es todavía más marcado. No te saltes el mirador pensando que desde abajo ya has visto el meandro. No es lo mismo.
Los restos romanos de Römerburgus Oberranna
A mitad de la etapa, poco antes de llegar al meandro, la ruta pasa junto al Römerburgus Oberranna: los restos de una fortaleza romana de vigilancia que custodiaba este tramo del Danubio hace dos mil años. La mayoría de los ciclistas pasan sin detenerse porque no hay ningún cartel llamativo. La entrada es gratuita. Los restos están bien conservados y en contexto —rodeados del mismo paisaje que veían los legionarios romanos— tienen una presencia que los museos no pueden reproducir. Vale la pena bajar de la bici y dar una vuelta.
Guía Secreta del Danubio en Bicicleta
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Preguntas frecuentes
¿Cuántos kilómetros tiene la primera etapa del Danubio en bicicleta?
La primera etapa de Passau a Schlögen tiene entre 55 y 60 kilómetros. Se hace en 5-6 horas de pedaleo sin contar las paradas. Es una etapa asequible para empezar la ruta y coger el ritmo del río.
¿Dónde se puede ver el meandro de Schlögen?
El mirador de la Schlögener Schlinge está a unos 30 minutos a pie desde el pueblo de Schlögen. Hay que dejar la bicicleta abajo y subir andando por un sendero marcado. Las vistas desde arriba son las mejores de la primera etapa.
¿Qué es la Abadía Engelszell y por qué vale la pena parar?
La Abadía Engelszell es la única abadía trapense de Austria. Los monjes elaboran cerveza artesanal y licores con denominación trapense. Está a orillas del Danubio y la tienda de la abadía vende sus productos directamente. La parada lleva 30-45 minutos.
¿Cómo se cruza la frontera entre Austria y Alemania en la ruta del Danubio?
La frontera se cruza por la central hidroeléctrica de Jochenstein. Hay que subir unos 90 escalones con la bicicleta. Es el cruce obligatorio si quieres visitar Engelszell desde el lado alemán de la ruta.
¿Dónde dormir al final de la primera etapa en Schlögen?
En Schlögen las opciones son limitadas. El Gasthof zum Heiligen Nikolaus tiene vistas al río y es el más habitual entre los ciclistas. Conviene reservar con antelación porque la zona tiene pocas alternativas y se llena en temporada.